David V.

Un profesor es el que enseña una profesión, y esta es la principal característica (la clave) que me gustaría destacar de las clases. En ellas he aprendido a ser docente. He aprendido que lo difícil de nuestra profesión no es aprender los contenidos de Historia, Arte o Geografía, porque eso depende de la voluntad y circunstancias de cada uno; sino que lo más complicado es interpretar lo poco o mucho que sepamos de esas materias para poder ser didácticos con los alumnos. Este es el método que se aplica en las extensas e intensas jornadas semanales, un método exigente y que no todo el mundo asimila porque nos obliga a pensar, a tomar decisiones y a asumir responsabilidades.

En definitiva, aprendemos a ser un ejemplo para los alumnos de Secundaria. Y por mi experiencia personal, ésto es algo muy apreciado por los tribunales de oposición, especialmente en la prueba oral. Desde otro punto de vista, las clases de los viernes me han permitido conocer y compartir muchas horas de sobremesa con compañeros de los más variados lugares de Castilla y León (Valladolid, Palencia, León, Segovia, Burgos, Zamora…), que han hecho muy llevadero el curso. De hecho, cuando estaba metido en la monótona rutina diaria de estudio, uno de los momentos más esperados de la semana eran las conversaciones y risas con los compañeros de comida y café. En definitiva, competitividad bien entendida, porque el mayor enemigo para sacar adelante esta oposición somos nosotros mismos. Otra de las enseñanzas imprescindibles del “método Vicente”.

David V.